La pregunta es insaciable, cargada de matices y voluptuosas raíces como las noches de verano, aprietan y sujeta la esfera del vapor frió, enterrando la soledad y la alegría de tu cuerpo fino, reclaman lo que es imposible, reclama el saber. Cada cobijo, esta liberado de caprichos, incendiarios y prestos para alimentar a las voces del goce interminable, inagobiable e indescifrable. El clímax indefinido es la palabra misma, la vibración de las letras, el canto de la estepa.
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